No pasó sino unos minutos, los cuales, me parecieron largos, pero al fin volvía a retomar la conversación.
Seguimos hablando, y lo que había pensado en un momento, no había cambiado, ni siquiera un ápice.
Ese día después de intercambiar opiniones y comentarios, en mi mente rondaban multitud de pensamientos y sensaciones, a cuál mejor que el anterior, respecto a lo que me había pasado ese día.
La felicidad era tal, que no cabía en mi, tenía que sacarla y compartirla con los demás, y guardar celosamente esa premonición, de que este día lo iba a recordar para el resto de mi vida, e iba a suponer un cambio en mi vida.
Llegó la noche, y me acosté pensando que algo importante me sucedería a partir de ese memorable 7 de mayo, que aún sigo recordando porque en mi mente se podía leer:
“Nació para permanecer hasta el fin”

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